Durante toda su vida Lidia ha hurgado en la arena del río para encontrar algunos gramos de oro que le permitan llevarle comida a sus seis hijos y ofrecerles una mejor educación. Zurley, por su parte, ha debido sobrellevar las secuelas del desplazamiento forzoso y las limitaciones económicas para tener una vida más tranquila.
Ambas vidas están trastocadas por el dolor y la escasez de oportunidades, pero sobre todo por la valentía y la fortaleza para enfrentar las adversidades, sin dejarse vencer por las dificultades cotidianas. Lidia y Zurley son madres, líderes, esposas y mujeres que se han sobrepuesto a la dura realidad de sus territorios, demostrándole a sus comunidades el temple de su carácter y su fuerza interior para seguir en la búsqueda de sus sueños y los de sus familias.
