"LA GENTE NO SABÍA RECICLAR -ENFATIZA MARTA-, NO SABÍA QUE LA MAYOR PARTE DE LO QUE SE GENERA EN UN HOGAR PUEDE VOLVER A UTILIZARSE O PUEDE SER ALGO PRODUCTIVO"
Por: Rafael Mayo

Cerca de 500 toneladas de material reciclable ha dejado de recibir el relleno sanitario de Caucasia desde hace un par de años. Bueno, también las quebradas, el río, los alcantarillados y las calles de este municipio del Bajo Cauca antioqueño. Esto ha sido posible gracias al trabajo de un grupo de mujeres de la subregión que, con ayuda de la cooperación internacional, encontraron en este material una oportunidad económica para muchas de ellas. Pero, mejor aún, hallaron una alternativa para contribuir al medio ambiente mientras transforman conciencias.

Se trata de Recíclate, una iniciativa empresarial que aprovecha todos esos materiales desechados en los hogares para convertirlos en una oportunidad económica para decenas de mujeres. “¿Cuántos árboles hemos dejado de talar y cuántas mujeres tienen conciencia de estar reciclando y están enamoradas de este proyecto?”, reflexiona Enilsa Regino, una reconocida líder de Caucasia, quien desde sus inicios le ha puesto el hombro y el corazón a este proyecto, una posibilidad para que ellas obtengan un ingreso extra y de paso contribuyan a mejorar el medio ambiente.

Con el apoyo del Programa Colombia Responde, de USAID, desde abril de 2015 viene funcionando en los municipios de Caucasia y El Bagre este emprendimiento que cuenta con un Centro de Acopio Local -CAL-, hasta donde llegan diariamente cientos de kilos de reciclaje para ser clasificados en plásticos, cartón, vidrio, botellas pet y metal. Este material es compactado, empacado y luego comercializado en Medellín o en el mismo municipio con sus aliados estratégicos. Cada CAL está dotado de una compactadora, una pesa, estibadores y un equipo de computador con un software en línea para llevar las cuentas.

Las responsables de recuperar el material en las viviendas son las mujeres que integran la Red de Mujeres Subregión Bajo Cauca -Remusbac-, quienes son denominadas matrices y toman como punto de trabajo las viviendas del sector donde residen, que pueden ser unas 40 ó 50 casas. Ellas son las encargadas de recoger minuciosamente el material y ubicarlo en una zona cercana, llamada punto ecológico, donde es recogido por un motocarro que lo transporta hasta el CAL.

Los Centros de Acopio Locales tienen una estructura de rutas que hace posible recolectar el reciclaje en todos los sectores de Caucasia. Está la ruta institucional, que comprende instituciones educativas, hospitales y universidades; la ruta comercial, de los pequeños y medianos comerciantes; la ruta empresarial, compuesta por las empresas más grandes que producen una mayor cantidad de material; y la ruta residencial, manejada por las matrices, quienes se encargan del reciclaje en los hogares.

Cambiando mentalidades
Esta tarde de jueves de inicios de abril, Enilsa se encuentra reunida con Nohelia Mora Laverde, presidenta de Asomuca y veedora de la iniciativa; también con Marta Domicó, administradora en salud sanitaria y ambiental y quien trabajó en el proyecto como coordinadora operativa; y con David Cardona Arbeláez, administrador de empresas de la Universidad de Antioquia.

Enilsa, Nohelia, Marta y David aprovechan para conversar sobre este proyecto y lo que ha significado su puesta en marcha para una región como el Bajo Cauca, donde la conservación del medio ambiente nunca había sido prioritaria. Además, hablan del desafío que les ha implicado crear una empresa como esta y la dificultad de insertarle a las mujeres la idea de ser empresarias.

Todos, sin excepción, concuerdan en que uno de los más grandes retos de este proyecto ha sido empezar a cambiar la mentalidad de las personas sobre la necesidad de reciclar y cuidar el medio ambiente. “A medida que fuimos trabajando -explica Enilsa-, nos dimos cuenta que había que ir más allá de un simple negocio y que había que sensibilizar a las personas para poder captar el material”.

“La gente no sabía reciclar -enfatiza Marta-, no sabía que la mayor parte de lo que se genera en un hogar puede volver a utilizarse o puede ser algo productivo”. Por eso una de las primeras actividades que desarrollaron fue visitar los colegios para sensibilizar a los estudiantes sobre a la importancia de reciclar. Hicieron lo mismo en otras instituciones, como iglesias y empresas, capacitando a las personas encargadas de los temas medioambientales. Luego, visitaron cada vivienda, cada familia y le explicaron la necesidad de recuperar el material, de empezar a separarlo de la basura convencional. Pero además, debían capacitar a las matrices, explicarles el tipo de materiales que iban a recuperar y sensibilizarlas en el tema para que ellas lo replicaran con sus vecinos y familiares.

“Por eso –asegura Marta-, este es un proyecto con una filosofía muy profunda. No es simplemente un negocio, como poner una tienda y dedicarse a vender. Es generar conciencia en las personas para que esto sea sostenible”.

Damaris Nieto Mieles, presidenta de la Asociación Municipal de Mujeres de El Bagre -Asomelba- adscrita a la Red y responsable del proyecto en esta localidad, recuerda que era normal ver las calles de su pueblo repletas de basura. Asegura que eran muy pocas las personas que utilizaban una caneca de residuos. “La calle era como un gran basurero”, rememora Damaris, mientras permanece sentada en el escritorio donde lleva las cuentas del CAT, ubicado en una céntrica calle del barrio El Bosque.

“Ahora, por fortuna -manifiesta-, ha bajado la contaminación, las calles ya no se ven tan sucias, es poca la basura que uno se encuentra. Ahora ya no hay tanta basura en los caños. Eso es muy bonito”.

Ahora, hasta los niños recogen y llevan los cartones al Centro de Acopio para ganarse algunos pesos que quizás les permita completar la lonchera. Durante esta mañana de viernes han llegado hasta el CAT varios niños con paquetes de cartón entre brazos y don Luis, el esposo de Damaris, les ha pagado 350 pesos por cada kilo. Ahora, mujeres, hombres, jóvenes y niños, saben que antes que desechos, allí hay un recurso valioso que también puede ser aprovechado económicamente. Pero, además, la gente ha ido reconociendo la importancia de separar los desechos desde la fuente para entregarle a las mujeres un material en mejores condiciones. Eso ha hecho que su trabajo se dignifique y que las mujeres vean que su oficio es tan valioso como cualquier otro.

En medio de las dificultades
Aunque los Centros de Acopio empezaron a funcionar en los seis municipios de la subregión, con el paso de los meses solo continuaron activos los de El Bagre y Caucasia. Enilsa reflexiona sobre la dificultad para que algunos de los CAT no fueran sostenibles, enfatizando en que “las mujeres no se vieron como empresarias” y que, quizás, los objetivos del proyecto estaban más allá de sus alcances. Nohelia, por su parte, cree que la complejidad de un proyecto como este ameritaba un largo proceso de sensibilización y exigía un mayor tiempo de maduración. “Acá el tema es educar, es enseñar y eso es mucho más difícil, entonces el tiempo de maduración de un proyecto de estos es más largo. Yo creo que también es necesario contar lo malo porque de eso se aprende”, reflexiona.

Sin embargo, pese a las dificultades, Enilsa considera que esta experiencia ha sido muy valiosa por el proceso de emprendimiento que las mujeres de Caucasia han llevado a cabo, por la sensibilidad ambiental que han logrado en muchos ciudadanos, y por la oportunidad de ingresos que se le ha generado a decenas de mujeres. “Inicialmente teníamos aquí en Caucasia a 80 mujeres trabajando en la iniciativa, quienes se ganaban entre 250 y 350 mil pesos mensuales; eso quiere decir que si se trabaja juiciosamente se puede vivir tranquilamente de esto”, expresa.

En la actualidad en Caucasia hay 22 matrices que reúnen, junto al material que se produce en las instituciones, las empresas y en el comercio, cerca de nueve toneladas de reciclaje al mes. Eso parece poco, sobre todo si se tiene en cuenta que para alcanzar un punto de equilibrio la empresa debería producir cerca de 45 toneladas. Pero siguen trabajando, con paciencia y buen ánimo, confiando que con el tiempo van a poder lograr una mayor captación de material y llegarán al punto de equilibrio.

Durante la conversación surge el símil de la empresa con un niño -o una niña- al que sus padres deben cuidar durante un buen tiempo, darle abrigo, protección y alimento, para que algún día pueda ser un joven o un adulto independiente que pueda valerse por sí mismo. Entonces, inevitablemente, surge la pregunta sobre lo que representa para ellas ese niño -o esa niña- que aún continúan formando. “Es un aprendizaje grandísimo”, responde Enilsa. “Además, saber que con estas 500 toneladas que se han dejado de tirar al relleno sanitario se ha evitado talar árboles… ¿Y cuántas mujeres tienen conciencia de estar reciclando y están enamoradas de este proyecto? Creemos que esta iniciativa va a hacer un cambio muy grande en las personas y en el medio ambiente. Ese es un aprendizaje profundo que nos quedará a nosotras”, dice.


Renace el optimismo
Tras una largo diálogo, Nohelia también hace énfasis en el trabajo que ha venido realizando el Programa Colombia Responde, “que a pesar de nuestros aciertos y desaciertos, siempre confió en las organizaciones e hizo que aprendiéramos, creo que por eso tenemos empoderamiento. Eso nunca nos vamos a cansar de reconocerlo”.

Para David, lo más valioso es ver a un grupo de mujeres con ganas de hacer un cambio en la sociedad y no solo enfocadas en el componente económico y ambiental, lo que en términos técnicos se conoce como sostenibilidad. “Estamos tocando lo económico, lo ambiental y lo social desde una red de mujeres, quienes siempre han sido vulnerables, pero también se está trabajando en su empoderamiento. Yo estoy enamorado del proyecto, he aprendido mucho y creo que es una de las lecciones más grandes que he tenido”.

Marta considera que esta ha sido tal vez una de las experiencias más significativas en su vida profesional, pues en esta región nunca se había hablado tan profundamente sobre el tema ambiental. “A mí me impresiona que la gente nos reconozca como mujeres emprendedoras, y que cuando nos ven en la calle nos digan: ‘estas mujeres cambiaron mi forma de pensar sobre la basura’. Yo sí estoy segura que muchos de los hogares que visitamos han cambiado su forma de pensar”.

Por lo pronto, las mujeres de Asomuca y de Asomelba continuarán trabajando y confiando que en un futuro cercano alcanzarán la estabilidad que han esperado por varios años. Mientras tanto, Enilsa seguirá alegrándose cuando se entere que una nueva mujer ha ingresado a la empresa como matriz. Seguirá celebrando este detalle como un gran logro, porque tiene la certeza que será una aliada más con la que podrá seguir generando conciencia y cambiando la mentalidad de que el reciclaje no solo es un negocio. Que es, ante todo, una oportunidad para mejorar nuestro planeta.

 

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