"YO AMO ESA TIERRA. TODO LO QUE SOY HOY EN DÍA SE LO DEBO A CAUCASIA"
Por: Rafael Mayo

Estefanía Pérez Cervantes, una jovencita de 16 años nacida en Gómez Plata pero criada en Caucasia, camina feliz en esta tarde de mediados de febrero por los pasillos de la sede central de la Universidad de Antioquia. Hace un par de semanas comenzó a estudiar ciencias políticas, la carrera que soñó desde pequeña porque sabía que a través de ella puede ayudar a transformar su región.

 —Yo amo esa tierra. Todo lo que soy hoy en día se lo debo a Caucasia —dice y en sus ojos salta una alegría contagiosa que irradia en toda la ciudad universitaria.

Sonriente, inteligente, conversadora, estudiosa. Estefanía dice que cuando se enteró de su paso a la universidad no lo podía creer. —Era una noticia muy grande —cuenta. Y es que no resulta fácil ingresar a la universidad en una región como el Bajo Cauca, donde hay pocas posibilidades para que los jóvenes accedan a la educación superior.

Y es que, seamos realistas, no resulta fácil ser joven en una región como el Bajo Cauca donde las oportunidades escasean. Una zona que tradicionalmente ha sido estigmatizada y mirada con prejuicio y donde se ha marcado a los jóvenes por su condición y vulnerabilidad. Una región en la que, paradójicamente, el 53 por ciento de su población tiene menos de 24 años, según el Anuario Estadístico de Antioquia del 2014.

Estigmatizados

Jhonatan Angulo, trabajador social y líder juvenil de Caucasia, explica que durante muchos años la gente en la región tomó como normal que sus pobladores se dedicaran a los cultivos ilícitos. Así fue llegando la bonanza a estas tierras, lo que se hacía evidente en la compra recurrente de autos lujosos y en mansiones ostentosas.

—Eso fue un efecto muy negativo para la sociedad y para los jóvenes, porque era como estar anestesiado. Mucha gente creía que eso era normal y lo seguía replicando —asegura Jhonatan.

La situación se fue complicando tras la desmovilización de los paramilitares, en 2006, y la posterior extradición de varios de sus jefes a EE.UU. Así, la zona que estuvo bajo su absoluto control durante más de una década, empezó a ser disputada por las disidencias de estos grupos ilegales.

—Entonces —advierte el líder juvenil—, comenzó un período de violencia crudísimo donde los jóvenes fueron víctimas y victimarios. Eran tanto jóvenes sicarios como jóvenes muertos por bien, por mal, o por estar en el lugar equivocado.

Ya no eran solo las pocas oportunidades que existían para trabajar o estudiar, o los problemas tradicionales, como el embarazo adolescente, la drogadicción y las enfermedades de transmisión sexual. Ahora los jóvenes se habían convertido en una amenaza, en un riesgo manifiesto. A eso se sumó el ingreso de la minería informal e ilegal, lo que creó un coctel aún más álgido en una zona afectada por múltiples problemas.

Este complejo panorama fue el que llevó a un grupo de jóvenes de la región a sacudirse y a tratar de encontrar soluciones para que el problema no siguiera avanzando. A tratar de hallar un camino distinto a la violencia y la falta de oportunidades.

—Queríamos cambiar el imaginario de la sociedad frente a los jóvenes, porque no éramos ni ‘paracos’ ni guerrilleros, ni tampoco unos revoltosos; éramos jóvenes a los que no se nos había brindado oportunidades y queríamos cambiar eso, mostrar una cara diferente del Bajo Cauca.

Así surgió, en 2012, el Laboratorio de Emprendimiento y Liderazgo Juvenil —LEL Juvenil—, una organización que busca generar procesos de articulación con las organizaciones que promueven el emprendimiento y el liderazgo de los jóvenes en la región y en todo el país.

—Queríamos tener una organización que se encargara de potenciar oportunidades a través de los mismos jóvenes, de generar nuevos liderazgos, de trabajar experiencias de asociatividad en los municipios, y de animar la participación de los jóvenes en escenarios de toma de decisiones — explica Diky Manuel Urrutia, director de la organización y uno de sus fundadores..

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 Conociendo sus derechos

Para que esto fuera posible lo primero que hicieron fue analizar el Estatuto de Ciudadanía Juvenil (Ley 1622 de 2013), que garantiza a todos los jóvenes del país el ejercicio de sus derechos. Mientras formalizaban la organización, empezaron a socializarlo con los estudiantes y personeros en los colegios, a través de conversatorios, charlas y foros. Con esta Ley ya había una ruta que los jóvenes podían seguir para empezar a reclamar sus derechos. Ya era claro que debían existir en todos los municipios oficinas de juventud y que en cada localidad debían desarrollarse políticas públicas para los jóvenes.

En uno de los primeros foros que realizó la organización, reflexionaron sobre el acceso de los jóvenes a la educación superior y la pertinencia de algunos programas profesionales en la región. También realizaron una feria de ciencia y tecnología, donde los muchachos de distintos colegios mostraron su talento. Estas actividades fueron poniendo en boca de los ciudadanos el trabajo que los jóvenes venían haciendo en el Bajo Cauca. —Así, poco a poco, la gente escuchaba hablar de nosotros —dice Jhonatan.

Cuando ya se habían constituido, en enero de 2014,lograron acceder a una convocatoria del Ministerio del Interior para desarrollar en varios colegios del Bajo Cauca la Cátedra de la Paz. Luego vino el respaldo del Programa Colombia Responde, de USAID, quien los apoyó en el diseño de las políticas públicas para los municipios de la zona. Este proyecto también les permitió fortalecer las oficinas de la juventud.

La constitución oficial de LEL Juvenil impulsó a otros jóvenes a crear sus propias organizaciones e iniciativas. Antes de su formalización, según reporta la Cámara de Comercio de Medellín, no existía en la zona ninguna otra organización de este tipo.

La organización siguió trabajando en la construcción de ciudadanía y en la dinamización de los jóvenes en temas relacionados con la paz. Continuaron fortaleciendo la Cátedra de la Paz, pero adecuada a la realidad de su territorio. Este proyecto lo desarrollaron en los seis municipios del Bajo Cauca y en Valdivia, Briceño y Anorí, poblaciones del Norte antioqueño ubicadas en la región del Nudo de Paramillo. En total lograron formar cerca de 1.300 jóvenes.

El evento concluyó con la realización simultánea, en cada uno de los nueve municipios, de la Semana por la Paz, donde cientos de personas se tomaron las calles de sus pueblos para pedirle a los grupos violentos que los dejaran vivir en paz.

Precisamente, el trabajo de LEL Juvenil con los jóvenes de los colegios fue el que le permitió a Estefanía, la nueva estudiante universitaria, afianzar el liderazgo que ya empezaba a tener desde grado décimo en la Institución Educativa Santo Domingo, cuando algunos de sus compañeros le propusieron que se lanzara como personera.

—Yo empecé a darme cuenta que tenía cualidades por las cuales podría sobresalir, cuando a mi colegio empezó a ir LEL juvenil. A mí me encanta su trabajo, eso es lo que yo quiero hacer —dice Estefanía. Y fue gracias a ese interés que logró convertirse en la presidenta de la Red de Contralores y Personeros de Caucasia, instancia promovida por LEL Juvenil en acuerdo con la Oficina de la Juventud.

—Para mí fue algo muy satisfactorio. LEL Juvenil fue un impulso muy grande para fortalecer a los jóvenes —explica.

Red Bajo Cauca Joven

Gracias a la existencia de LEL Juvenil en octubre de 2015 se logró conformar la Red Bajo Cauca Joven, una organización que asocia a jóvenes de los seis municipios del Bajo Cauca para ofrecerles mayores oportunidades. Pablo Emilio Otero, integrante de la Red en El Bagre, cuenta que este trabajo fue un poco más allá de la simple formalización de una organización.

—Primero fue incentivar, crear conciencia en los jóvenes, enseñarles sobre la importancia que tiene la asociatividad, sobre todo en un entorno como el nuestro que es bastante precario por el olvido estatal y la violencia —reflexiona.

En El Bagre la Red se ha concentrado en el trabajo social con niños y jóvenes, sobre todo en temas como salud sexual y reproductiva, prevención de la violencia y participación ciudadana. En cuanto a la sostenibilidad de la organización, las cosas no han sido fáciles porque aunque los jóvenes sienten el deseo de trabajar y ayudar a sus comunidades, si no pueden vivir de algo tienen que salir del pueblo a buscar mejores oportunidades.

Para hacer sostenible la asociación, para mantenerla en el tiempo, en la Red se han dado cuenta que deben impulsar proyectos productivos en toda la región, como el de especies menores, con el cultivo de peces y aves, y el establecimiento de una empresa avícola para comercializar huevos.

—A los jóvenes lo que menos nos importa es que nos miren, lo que nos interesa es que nos den oportunidades para construir nuestros sueños —enfatiza Pablo.

LEL Alimentos

En su interés por generar nuevos emprendimientos, en LEL Juvenil surgió la idea de crear una fábrica embotelladora de jugos naturales, una empresa con un enfoque social y productivo, que bajo una marca propia permitirá aprovechar las frutas que se producen en toda la región.  En este proyecto vienen trabajando desde noviembre del 2016, gracias al apoyo de Colombia Responde, quien les ha facilitado las máquinas procesadoras.

Gracias a estas iniciativas los jóvenes empiezan a sacudirse de su letargo y de la escases de oportunidades en el Bajo Cauca antioqueño. —Ahora las organizaciones de jóvenes se sientan y conversan al mismo nivel con alcaldes, gobernadores y con altos funcionarios del gobierno para ser sus aliados en proyectos productivos y no simplemente receptores de un servicio —dice Diky Manuel Urrutia.

Para éste y los demás líderes los jóvenes han logrado entender que son protagonistas del cambio, que en sus manos está su presente y su futuro. Que son ellos y nadie más los que van a incidir para que su región empiece a escribir una nueva historia, una historia donde la esperanza y las oportunidades sean las grandes protagonistas.

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